Liga MX

Dani Alves mueve a Pumas con las manos | CRÓNICA

Debuta el jugador brasileño en la Liga MX, lo hace con una asistencia para el empate 1-1 contra Mazatlán, en medio de los gritos de la gente y la euforia por su llegada
jueves, 28 de julio de 2022 · 07:30

Dani Alves toca la pelota y la gente aplaude. La pisa y le aplauden. La ovación vuelve en un pase de taquito. Le aplauden de nuevo hasta en un saque de banda. Si pudieran le aplaudían cada vez que respira. "Dásela a Dani", grita, desgañitado, un aficionado de Pumas que en las tribunas se desespera por ver magia en el debut del número 33.

La lluvia deja jugar a Dani Alves. La altura, la caminata en medio campo y alguna pérdida de balón. El brasileño tiene su estreno con Pumas a menos de una semana de llegar a México. Y se nota. En la cabeza de Andrés Lillini reina el pensamiento: "no hay mejor manera de que se acople y tome ritmo que jugando la mayor cantidad de minutos posibles". Lo dice al llegar Toto Salvio y lo repite, sin decirlo, al arribo de la estrella de 39 años que intentará mover al equipo al menos con las manos.

El mediocampista de Pumas —parece que no jugará como lateral por ahora— salta al calentamiento y aplaude, regresando el gesto a los más de 35 mil asistentes en el Estadio Olímpico Universitario que regalan palmas al rapado jugador durante los 90 minutos que pisa la cancha. Las porras son hacia él. Los gritos son para él. Aunque algunos dejan la voz pidiendo en otros lados: "¡Palomitaaaaas", "¡Refrescooooos!". Pero los de la vendimia no aparecen. Tampoco lo hace Alves en el partido.

La euforia por el crack brasileño —si las cosas salen bien, no tardan en mencionar el "Efecto Dani Alves"— se contagia a sus compañeros con toques de primera intención, cortos, al pie, razos, con fuerza, y alguno intenta un túnel de rabona creyéndose, probablemente, un ex jugador del Barcelona. Pero no, porque precisamente aquel estaba en medio campo, tocando, durante el asedio de Pumas al Mazatlán en la primera media hora de partido, lo que dura la inercia por la llegada del ex blaugrana. 

Mazatlán da un par de sustos a los locales, mientras Alves se recorre al centro, da indicaciones a sus compañeros, intenta salir jugando desde la defensa y el aficionado sigue buscando las palomitas. "¡Ya me aburríííííí!", grita otro para desatar las risas. En el ecuador del campo se mueven las manos del brasileño, como un controlador de aeródromo que guía al avión en la pista. Pero la aeronave auriazul parece tener sólo un ala: Toto Salvio carga con la creación del juego por la derecha, por eso Lillini lo cambia al otro lado para equilibrar el vuelo, pero el equipo se estrella: primero con un gol anulado y después con uno válido que apaga las luces de los celulares en CU, aunque despierta la arenga de una afición que quiere magia y fiesta del '33' como respuesta.

De inmediato, ante la celebración del equipo morado, Dani Alves toma la pelota y la lleva rápido al medio campo. Las manos se posan a un lado de su cuerpo y empuja el aire hacia adelante, invitando a sus compañeros a salir, pidiendo ir más rápido al frente, a no bajar la intesidad. Lo mismo hace con los defensas: los ordena, los llama y les dice por dónde salir jugando; va con los mediocampistas y les indica en dónde tocar, cómo y dónde la quiere para crear el juego; va con Dinenno y Del Prete y les pide que se junten, que marquen la diagonal, a dónde irá el pase. Quiere ser estratega en la cancha. El equipo se mueve. Dani no lo mueve con los pies, pero lo intenta con las manos.

Toto Salvio deja de patear los tiros de esquina porque el bajito rapado pide la pelota, con las manos, para no variar. Se hace cargo de los córners. Cobra uno cerca de la grada que no había visitado. Los gritos y aplausos aparecen otra vez. También un grito aliviado: "¡Ya me desaburríííííí!". Pero nada como el alarido que viene después con el cobro de Dani Alves que manda a segundo palo donde Nico Freire cabecea al fondo. El rugido del gol llenan la atmósfera del primer festejo del brasileño con sus compañeros. Empate y debut rescatados.

La señal para la tribuna es de abajo hacia arriba con sus manos y brazos llenos de tatuajes, para seguir alentando en los últimos seis minutos de juego, el tiempo agregado, donde Alves se da tiempo de empujar a su equipo y de mandar al suelo a un rival con un pelotazo en la cabeza "sin querer queriendo". Un recogebalones imita a Dani y alienta a la tribuna. Pasa de balonero a animador. Todos quieren ser parte de la remontada que no llega.

El equipo no encuentra el gol del triunfo. Tampoco el aficionado a la señora de las palomitas. Dani Alves se asoma un poquito en la noche húmeda, sólo levantando el puño para cantar el himno, sacudiendo el dedo para invitar a sus primeros 'Goyas'; también lo hace con su primera asistencia, aplaudido hasta por acomodarse las calcetas, caminando, tomando su cintura en señal de cansancio. Mientras toma ritmo, a sus 39 años, seguirá moviendo a Pumas al menos con las manos.

-Por Francisco Domínguez